No se porque, desde hace algo más de cuatro años, he dejado de escribir. Antes, solía hacerlo compulsivamente, a toda hora, en cualquier lugar. Poesía, textos, cuentos, frases…siempre, cualquier situación era propicia…
Me acuerdo, cuando una mañana, cerca del Pasaje de la Piedad, en Capital Federal, a eso de las 7 de la mañana, en una esquina, detrás de un ángel que coronaba un edificio antiguo increíble, asomaban tres perfectos rayos de sol…seguramente, hoy me conmovería igual o más que en ese tiempo, pero en ese momento, no dejaba de registrarlo en una poesía…
Lamento tanto haber perdido un cuaderno con las poesías de alrededor de 6 años…no lo encuentro, no puede haberse perdido, pero no lo encuentro…es desesperante…
No creo que sea casual, que justo cuando aparece la música en mi vida, cuando por fin decido que cantar es mi vida y lo que mejor puedo hacer, las letras van desapareciendo poco a poco…solo ocasionalmente, y con finalidad de letra de canción se abisma alguna. Tampoco es casual, que haya dejado de escribir, cuando empecé a leer más poesía, a eso de los 23 años – gracias a Don Amadeo Gravino, poeta y amigo que me regalaba libros – y empecé a conocer a Vallejo, a Lorca, a Miguel Hernández, al Neruda menos conocido para mi, a Carpentier, a Martí, a Pessoa, Baudelaire, Lugones, Girondo…
Cada vez más crítica conmigo misma, se fue desvaneciendo mi intención de escribir…pero junto a esa crítica, apareció mi gusto por la poesía clásica…
Quien ganó? Adivinen…
No creo que el mundo se esté perdiendo de una nueva Alfonsina…
El mundo ganó una lectora.
9 de abril de 2008
Escuchando el disco de Niño Josele - Paz